Una
Tradición
que llega desde lejos
Quien soy
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Mi historia nace desde lejos, cuando hacia finales del siglo XIX mi bisabuelo decidió emigrar
desde el País Vasco, tierra de soñadores e idealistas, hacia tierras lejanas
(Buenos Aires, Argentina).
En Buenos Aires él y su familia plantaron raíces y fundaron un linaje de joyeros de
tradición familiar. Mi abuelo, Domingo Garagorri, y sus hermanos abrazaron el arte que les fue
transmitido.

Yo también soy un soñador que cultiva desde niño el deseo de crear. Me atrae todo lo que es bello, y mi idea de la belleza se basa en el refinamiento de los detalles y en la armonía de las formas, que hacen un objeto más atractivo a la mirada de otro.
Tuve la suerte de nacer y crecer en un entorno de artistas, capaz de apoyarme en mi aspiración de formar parte de un mundo de personas dedicadas a realizar objetos bellos y únicos, sin tiempo.
A los veintiun años, con el mismo objetivo y deseo de cuando era niño, me trasladé a Nueva York, donde se concretaron distintas oportunidades, tanto de estudio como de trabajo. Mi primera experiencia fue como modelista en una empresa de alta joyería, y fue mi punto de partida en Nueva York. Allí tuve la oportunidad de conocer a una persona que considero un gran maestro, Alberto Codorniu, quien contribuyó a enriquecer mi trayectoria profesional.
Después seguí colaborando como joyero con nombres importantes de la joyería internacional, hasta mi última experiencia laboral en la Leenet Company, empresa especializada en el engaste invisible. Aquello me permitió enriquecer aún más mis conocimientos sobre la realización de una joya. Más adelante me inscribí en la Parsons School of Design de Nueva York para adquirir nuevas técnicas de diseño.

Seguí colaborando con algunas realidades neoyorquinas durante bastante tiempo, pero la frenesí de esa gran ciudad nunca fue amiga mía, así que decidí trasladarme de nuevo en busca de nuevos estímulos. La ciudad de Verona me conquistó por su belleza y por el calor de su gente, que me resultaron irresistibles y me llevaron, en 2004, a plantar raíces en la que es la ciudad del amor, abriendo mi taller. Durante todos estos años en Italia he participado en numerosas colaboraciones, también con marcas importantes de las que me he convertido en uno de sus principales referentes. En particular colaboro con el mundo del arte, tanto con editoriales como con artistas, cuyas obras interpreto y construyo, transformándolas en joyas para llevar. Junto con mi equipo hemos desarrollado además un pequeño sector para el campo tecnológico, médico y aeroespacial. Me he dedicado a construir y crear joyas para los demás, de todo tipo, personalizadas o como líneas destinadas a la venta, y desde hace un tiempo estamos trabajando en mi propia línea de piezas, con el objetivo de que sean únicas e irrepetibles.
Cuando termino una joya y la entrego en las manos de quien la hará suya, miro siempre su cara, sus muecas. La cara no esconde secretos: si eres capaz de interpretarla, en pocos instantes te compensará de todo.
A veces una sonrisa astuta puede esconder la verdadera emoción, pero enseguida los ojos persiguen el brillo, iluminándose de inmensidad…
Ariel Garagorri